9 de mayo de 2014

Uno. Dos.

Una que llega para abrir el camino, o empezar el que ya se había abierto. Uno que llega a recorrer ese camino. Una que tantea el terreno, que pisa insegura, que deja huellas en el suelo. Uno de ojos más seguros y dedos más afilados. Mismos miedos. Mismos huesos. Misma piel. Más fuerza. Más talento. Más velocidad. Una que es uno. Uno que es una. Dos manos. Un abrazo. Una línea. El mismo color. Un hilo. Un espacio. Dos cuerpos. Uno. ¿Dos?

23 de abril de 2014

Los días del amor

Estos son los días del amor. Nos tienen prendidas, de ojos bien abiertos y atentos al detalle de la pluma que gira con el viento. Nos tienen atadas de pies y manos, una con la otra, como una cadena que no nos suelta, pero con la fragilidad de un par de alas y un soplido.

Estos son los días del valor y la valentía. Aquí es donde lloramos todas las lágrimas, las mezclamos con sonrisas y nos llenamos de promesas. No se puede dormir de tanto amor por dar. Y después de darlo todo, de estrujarnos hasta la última caricia que no queremos dejar ir, caemos en un sueño profundo de besos y luces, de casas y costas. Se duerme porque hay un abrazo que envuelve a todo el universo. Que nos calma.

Son los días y las noches del amor. De los mares y los incendios en una misma alma, al mismo tiempo y sin pedir perdón. Desgarrarnos las pieles de tanto amor no necesita un perdón. Rompernos las bocas, las manos y el abrazo. Para bien, siempre para bien.

No sé cada cuánto vienen, ni sé cuánto duran, pero sé que me estrujan y sacuden el corazón y después me lo dejan secándose al sol. Que el sol me lo trae de nuevo, más grande y más fuerte, con las promesas intactas y las ganas de amar multiplicadas. Son los días de renovarnos, de volver a elegirnos, de no soltarnos las manos.

Estos son los días del amor, del todo, de la vida y del calor. De volver a nacer. En el huequito que hacemos entre nuestras manos. En las sábanas que siempre quedan destendidas. En el café con leche de cada mañana.

11 de marzo de 2014

Parte de mi casa

Llega a mi casa cantando mi nombre al ritmo de alguna canción que muy bien conocemos. Llega con calor y llega con sonrisas. Se saca las zapatillas, me roba un par de ojotas y acaricia al gato hasta hacerlo ronronear. Prende un sahumerio, y me llena la casa de flores. Abre las ventanas, deja entrar el sol, abre la heladera y deja correr el agua. Sabe dónde están los vasos y dónde escondo los chocolates. Los abre, los parte, me convida, come conmigo y promete reponerlos, pero yo siempre vuelvo a comprar para estar lista para su próxima visita. Saca mi guitarra y me impregna las paredes con sus melodías. Me deja llorar en su hombro y después siempre sabe hacerme reír. Ya es parte de mi casa, y se la conoce casi tan de memoria como yo. Esta casa que es chiquita, fácil de recordar y rápida de recorrer, pero tan llena de amor y colores, que se nos rebalsan las flores por las ventanas y nos crecen los brillos como enredaderas que caen desde el balcón.

4 de marzo de 2014

Ganas de vivir

Me da ganas de vivir. Busco algo que tengo muy adentro y no entiendo bien qué o por qué, pero lo busco. Y tiene su forma, de eso estoy segura. Me llena de fuerza, la acumula de a pedacitos chiquititos, la junta de a poquito y cada vez son más partecitas, y de repente es una fuerza enorme que está dispuesta a llevarse puesto todo para lograr lo que busca. Y ya no le importa nada, porque si es lo que tanto buscó, extrañó y esperó, y ahora está a la vista, está al alcance de la mano, no le importa nada más que dar el salto y atraparlo. Caer como sea, de pie, de rodillas, o de cabeza, pero agarrarlo aunque sea con la punta de los dedos. Atrapar el pedacito de cielo, la luciérnaga más luminosa, la mirada que hace el puente. Atraparla y acercarla al alma. Sentir su olor, el ritmo de la respiración, la suavidad de su piel. Apretarla contra el pecho, sumergirla en el mar propio, impulsarla con el viento. Juntar la fuerza para dar el salto de una vez, y que ya nada más importe. Dar el salto que haga crecer las alas otra vez y volar. Volver. Volver a volar, a planear, a vivir. Volver a la luz, al amor, a vos.

16 de febrero de 2014

Tengo un amor

Tengo algunos dolores ya casi perdidos en calendarios viejos, escondidos en el fondo de un cajón y aplastados bajo el colchón. Tengo recuerdos, luciérnagas y caracoles bien guardados en frasquitos etiquetados. Tengo historias, risas y algunas lágrimas latiendo entre las páginas de mis libros. Tengo amigos, tengo un gato y tengo una bicicleta. Tengo sorpresas esperando, tengo muchos besos por dar y algunas lágrimas por llorar. Tengo hojas llenas de garabatos y unas manos que quieren acariciar.

Y tengo un amor enredado en mi pelo, atado, enlazado, que me baja envolviéndome todo el cuerpo. Tengo un amor que nunca me deja sola, que camina a mi lado y me presta su bolsillo cuando mi mano tiene frío. Es un amor que me rodea el cuello, me da varias vueltas, me enreda en abrazos y me desenreda los nudos del alma. Viene conmigo, tiene reservado un asiento en mi bici y otro en mi mochila, para que elija desde dónde le gusta más el paisaje. Tiene luz propia, aire y unos pulmones muy valientes.

Tengo un amor plantado en mi pupila y cómodamente sentado en la comisura de mis labios. Lo riego, le hablo, lo miro. Lo miro aunque ya me lo sepa de memoria. Lo miro de punta a punta y le digo cuánta falta me hace. Y lloro con el pecho desnudo, con el corazón en la mano, y le digo gracias por el amor.