15 de diciembre de 2013

Ay, mi Tucumán querido

Afuera está la ciudad. Mi ciudad. Pero hoy no la reconozco. Es tierra de nadie, o mejor dicho, del que tenga el arma más grande, del que genere más miedo, del que corra más rápido, o del que haga más disparos certeros.

Ésta no es mi ciudad. Éste es un pueblo fantasma, todo pintado de gris. Hoy nadie camina por las calles. Hoy el silencio atraviesa todas las veredas y sólo lo quiebra el sonido del terror: sirenas, gritos, bocinas, tiros.

Hoy mi ciudad está derramando sangre en muchas esquinas y llorando de dolor en un montón de hogares. Hay niños que no entienden, que no deberían estar viendo, ni con palos en sus manos, ni corriendo por sus vidas. Hay gente perdiéndolo todo, en sólo minutos. Hay mujeres llorando cada segundo que pasa y preguntándose por el marido que todavía no llega a casa.

Hoy mi ciudad escupe fuego, sangre y gritos. Hoy nos rodea la bronca, la injusticia, la indignación, el dolor. Hoy algunos corremos para que no nos alcancen, nos escondemos tras una pared para evitar el balazo, cerramos todo y nos asomamos al balcón con miedo. Hoy otros defienden lo propio con uñas y dientes. Hay tanta violencia en el aire. Hoy a nadie le importa más nadie. Hoy las vidas no valen. El trabajo no vale. Toda esta tristeza no vale.


En mi ciudad hay sol y los canteros tienen flores. En mi ciudad los niños juegan a la pelota en la plaza mientras los grandes toman mate en algún banco. Se camina mirando las nubes, se silban canciones, se toma helado de frutilla. En mi ciudad se anda en bicicleta y en patineta. Se camina a trabajar, entra el calor por las ventanas y se escuchan pajaritos cantar.

Ésa es mi ciudad. Pero al parecer, ésta de hoy, que no logro reconocer, también lo es. Este manojo de locura y desesperación salpicando sangre y plomo por las veredas, inundando todo de dolor.

Ay, mi Tucumán querido, cómo me dolés.

Me duele sentir este miedo. Me arde cada lágrima que lloro, y que veo llorar. Me duele lo que ese niño está viendo. Me duelen tantas rejas. Me duelen tantas armas. Me duele tanta desesperación. Tengo miedo. Tengo mucho miedo.

No me queda otra. Yo también me tengo que esconder. Cerrar las ventanas y hacer de cuenta que no escucho lo que hay afuera. Buscar algo para hacer y rogar que a mi puerta no la elijan. Esperar. Tratar de dormir. Tomar otro vaso de agua. Esperar. Tratar de leer algo. Cambiar de posición. Esperar. Y así, una noche entera. Y así el día siguiente. Y así otra noche más.

10/12/13 - Tucumán, Argentina. 

25 de noviembre de 2013

Certeza

La última vez, yo ya lo supe. En ese último abrazo que tenía que durar y acompañar, yo me di cuenta de todo esto que ya nos unía. Supe del amor, de todo lo grande, y de la fuerza de un abrazo. En esa última mirada, antes de darme la vuelta, encontré todo el brillo de sus ojos y sus años condensados. Me guardé  su voz, me guardé su olor, y me robé una sonrisa. Una de esas que contagian, que endulzan el café y suenan fuerte en los oídos. En ese momento supe que su mano ya era mía y el centro de mi pecho tenía su nombre. Supe que todo era incontrolable, como las mareas y las lunas. Y era tanto que ya no entraba en este par de manos. Ni en ese.

Y así me fui, con sus ojos en mi retina, con su voz en mi sien y su olor pegado al cuello. Me fui envuelta en brillos y promesas de extrañarnos. Me fui con el pecho claro y los latidos apurados. No me acuerdo bien a dónde me fui, pero sé que en esa despedida, nuestras manos ya estaban completamente entrelazadas y su pecho tenía mi forma.

11 de noviembre de 2013

El fruto del árbol

El sol empieza a asomarse y la ciudad se ilumina. Sube la temperatura, y yo me acerco a su cuerpo. La abrazo con fuerza, la traigo hacia mí. Se eleva el viento que hace temblar las ramas. Nos tiemblan los brazos. Creció el árbol más alto, se mece con fuerza. Se mece su pelo, se despeina, la despeino. Las raíces están agarradas a la tierra con todas sus uñas. Aprietan con fuerza. Se enredan, se entierran, se envuelven, se confunden, se mezclan, se hunden. Crece la fruta, del rojo más brillante. Crece, crece, crece. Aprieta los dientes y salta al vacío. Suelta la rama y cae. Rueda por el aire. Rodamos por la cama. Vuela entre las hojas. Volamos entre sábanas. Gira. El viento. Gira. La humedad. Gira. Un grito. Gira. El calor. Cae con una explosión. Estalla contra el suelo y nos salpica con su pulpa. Nos envuelve con su olor, nos impregna su dulzor. Ya todos coloreados, el viento vuelve despacito a su lugar.

Las ramas se aquietan, los músculos se duermen, las raíces se aflojan.

Las flores se cierran ante la noche.

14 de octubre de 2013

Enamórese

Anímese, amigo. Deje de negárselo, y de buscar excusas para el miedo. Sacuda esos brazos cruzados, que es más lindo usarlos para abrazar. Afloje los puños, busque aquellos ojos y persiga su olor. No le lleve el apunte a lo que le digan y enamórese.

Enamórese que vale la pena, yo se lo aseguro. Ni el miedo, ni el destino tienen un papel aquí. Es usted y su corazón. Anímese al fuego, amigo. Puede quemar, pero no hay mayor placer que una noche de verano bajo las estrellas y el amor.

Enamórese de esa muchacha, de su pelo, de sus rodillas, y del lunar bajo sus labios. Deje todo y vaya detrás de su perfume y el hueco de su clavícula. Elija las palabras exactas, póngase nervioso, que le transpiren las manos, que se le aflojen las piernas.

Enamórese, que la noche y una cintura tienen mucho que enseñar. Escuche con tanta atención, hasta sentir la anécdota en la piel. Mire detenidamente, hasta que se le prendan fuego las pupilas. No se pierda ni un detalle, amigo. Memorice cada curva, cada hueco, y cada gesto. Aduéñese de sus hombros y de sus sonrisas. De todas las que pueda.

Enamórese, que no hay nada que perder. El corazón está hecho para enamorarse y romperse más de una vez. Que a veces cuesta (y a veces mucho), no se lo voy a negar. Que se sufre, se llora, y se patea paredes, sí, también sucede. Pero el amor bien lo vale. El corazón se cura, sana, revive, y pide amar de nuevo. Amigo, no se niegue el más sabroso gusto.

Enamórese, que el tiempo es poco y las horas no son suficientes para todos los abrazos. Pida una noche más, entregue todos los besos y no se guarde ni una palabra de amor. Amigo, enamórese. De su piel, de su  voz, de su ombligo. De cómo pronuncia la palabra ‘algodón’, y de cómo atiende el teléfono. Enamórese de la cicatriz en su frente, y del color de sus ojos cuando le da el sol. Grite por las calles el amor. Dibuje el amor. Escriba el amor. Pinte, sueñe, esculpa, sienta, llore, impulse el amor. Haga el amor. En todos lados. A cualquier hora.

Amigo, enamórese hasta los huesos. Deje todo entrar, revolverle el alma y pintarlo de color. Enamórese hasta el fondo, hasta el llanto y sin escudos. Afloje los brazos, tire las murallas y déjese atravesar el pecho. Déjese inundar, déjese llevar. Enamórese completo, enamórese de todo, del todo, de ella, y de usted. Amigo, sienta el temblor de las piernas, la fuerza que lo impulsa, la luz que emana una habitación en plena oscuridad. Despliegue las alas, sacúdase el polvo, y anímese a volar con los ojos cerrados. Sobre su cama, sobre la ciudad, y sobre el mar.

Enamórese que para eso estamos. Cántele con su terrible voz, cuéntele de los besos al oído. Desnúdese, porque en el amor no hay ropa que valga. Despiértese a media noche diciendo su nombre. Piense en ella, hasta dibujar su rostro en la pared de la habitación. Piense en ella, hasta escribir su nombre en la lista del súper. Hasta sentirla completa. Hasta sentirse el hombre más feliz de la tierra. Hasta vivir la perfección. Porque sí, existe.

Enamórese amigo, que así vale la pena vivir. Se le van a uno los fantasmas y los grises se llenan de colores. Enamórese, que no se pierde nada. Todo se gana. Enamórese, que vale la pena, se lo aseguro.

16 de septiembre de 2013

Hola primavera

Dicen que ya viene, dicen que anda cerca. Ya fueron varias las voces, de varios colores y entonaciones que la han mencionado. Entre susurros los tímidos, a los gritos los más osados, y haciendo fuerza con toda el alma los amantes. La hemos llamado tanto, que dicen que ya se avecina y cualquier día de éstos toca a nuestra puerta.

Ella, que ya no entiende de fechas. Que los hombres la han mareado y las despechadas la han maldecido. Ella, que es en realidad la que más hemos deseado. Ella, que esta vez llega para florecer todo lo que el frío insiste en destruir.

Ya llega, ya viene cantando una canción y silbándonos al oído. Se acerca con tantas sonrisas por regalar, y un manojo de flores amarillas tapándole la cara. Viene con todos los colores y con los calores. Por fin viene. Y es que viene con el sol. Como vos. Como yo. Viene otra vez, vuelve ya por fin, y con todas las ganas. Viene a florecer, a pintar los lapachos y abrir los azahares. Viene a traernos la luz y a desnudarnos el pecho. A acariciarnos las mejillas y a chapotearnos las manos. Viene la risa, viene el abrazo, vienen a cumplirse las promesas. A amarse los amantes, y a impulsarse los corazones. Viene con tu risa y viene con tu voz.

Qué bueno que esta vez, otra vez, la primavera viene con vos.