11 de marzo de 2014

Parte de mi casa

Llega a mi casa cantando mi nombre al ritmo de alguna canción que muy bien conocemos. Llega con calor y llega con sonrisas. Se saca las zapatillas, me roba un par de ojotas y acaricia al gato hasta hacerlo ronronear. Prende un sahumerio, y me llena la casa de flores. Abre las ventanas, deja entrar el sol, abre la heladera y deja correr el agua. Sabe dónde están los vasos y dónde escondo los chocolates. Los abre, los parte, me convida, come conmigo y promete reponerlos, pero yo siempre vuelvo a comprar para estar lista para su próxima visita. Saca mi guitarra y me impregna las paredes con sus melodías. Me deja llorar en su hombro y después siempre sabe hacerme reír. Ya es parte de mi casa, y se la conoce casi tan de memoria como yo. Esta casa que es chiquita, fácil de recordar y rápida de recorrer, pero tan llena de amor y colores, que se nos rebalsan las flores por las ventanas y nos crecen los brillos como enredaderas que caen desde el balcón.

4 de marzo de 2014

Ganas de vivir

Me da ganas de vivir. Busco algo que tengo muy adentro y no entiendo bien qué o por qué, pero lo busco. Y tiene su forma, de eso estoy segura. Me llena de fuerza, la acumula de a pedacitos chiquititos, la junta de a poquito y cada vez son más partecitas, y de repente es una fuerza enorme que está dispuesta a llevarse puesto todo para lograr lo que busca. Y ya no le importa nada, porque si es lo que tanto buscó, extrañó y esperó, y ahora está a la vista, está al alcance de la mano, no le importa nada más que dar el salto y atraparlo. Caer como sea, de pie, de rodillas, o de cabeza, pero agarrarlo aunque sea con la punta de los dedos. Atrapar el pedacito de cielo, la luciérnaga más luminosa, la mirada que hace el puente. Atraparla y acercarla al alma. Sentir su olor, el ritmo de la respiración, la suavidad de su piel. Apretarla contra el pecho, sumergirla en el mar propio, impulsarla con el viento. Juntar la fuerza para dar el salto de una vez, y que ya nada más importe. Dar el salto que haga crecer las alas otra vez y volar. Volver. Volver a volar, a planear, a vivir. Volver a la luz, al amor, a vos.

16 de febrero de 2014

Tengo un amor

Tengo algunos dolores ya casi perdidos en calendarios viejos, escondidos en el fondo de un cajón y aplastados bajo el colchón. Tengo recuerdos, luciérnagas y caracoles bien guardados en frasquitos etiquetados. Tengo historias, risas y algunas lágrimas latiendo entre las páginas de mis libros. Tengo amigos, tengo un gato y tengo una bicicleta. Tengo sorpresas esperando, tengo muchos besos por dar y algunas lágrimas por llorar. Tengo hojas llenas de garabatos y unas manos que quieren acariciar.

Y tengo un amor enredado en mi pelo, atado, enlazado, que me baja envolviéndome todo el cuerpo. Tengo un amor que nunca me deja sola, que camina a mi lado y me presta su bolsillo cuando mi mano tiene frío. Es un amor que me rodea el cuello, me da varias vueltas, me enreda en abrazos y me desenreda los nudos del alma. Viene conmigo, tiene reservado un asiento en mi bici y otro en mi mochila, para que elija desde dónde le gusta más el paisaje. Tiene luz propia, aire y unos pulmones muy valientes.

Tengo un amor plantado en mi pupila y cómodamente sentado en la comisura de mis labios. Lo riego, le hablo, lo miro. Lo miro aunque ya me lo sepa de memoria. Lo miro de punta a punta y le digo cuánta falta me hace. Y lloro con el pecho desnudo, con el corazón en la mano, y le digo gracias por el amor.

10 de febrero de 2014

Un olor de lunes por la mañana

Mi día empezaba aburrido. Mi semana empezaba con una mañana de lunes monótono, como tantos otros. Empezaba sobre un colectivo lleno de gente, cuando las temperaturas empiezan a subir y empezamos a abrir las ventanas de a una, de a poquito. Caras desconocidas, inexpresivas, como buen lunes por la mañana. El asiento al lado del mío se desocupó y se ubicó esa señorita que te traería de vuelta. Apenas se ubicó te sentí, era tu olor, eras vos en otro cuerpo, a mi lado otra vez. Cerré mis ojos, y te imaginé abriendo los tuyos, despertando después de pocas horas de sueño, pero con el sol ya alto. Tal vez eras vos a mi lado y yo, distraída no te reconocí. Abrí los ojos con una mezcla de miedo y esperanza. No eras vos, era una chica con cartera marrón y camisa blanca. Exhalé el aire que me quedaba y me concentré en el lapacho de flores amarillas. Primavera otra vez, por fin. Ya volvían los calores, la gente vestida liviana, el helado de limón. Y de repente otra ráfaga de tu olor fue lo que volvió. El verano tucumano de 40 grados afuera, pero nuestros cuerpos tan cerca. Era el olor a la plaza florecida, al tiempo escapándose por un hueco, a un volantín agitándose emocionado. Olor a tierra mojada, a lluvia de verano, a luciérnagas en el pecho.

29 de enero de 2014

Noches y noches

Hay noches cansadas, noches de almohadas, de libros, de ventilador y de pesadillas. Hay noches de los sueños más hermosos, esos de los que una no se quiere despertar. Hay noches cortas, noches infinitas, otras de llantos y otras de besos. También hay noches agitadas, de versos, de vueltas, de preguntas, de culpas. Hay noches de sí, noches de no, de amor y de ahogo. Hay noches de luna llena, noches como días, noches que sorprenden, y noches irrepetibles. También hay noches felices llenas de sonrisas y plenitud y noches que desgarran el pecho con la pena más grande.

Y también hay noches como ésta. Noches que no me sueltan, que no me dejan aflojar el cuerpo y me exigen más. Noches que me despiertan constantemente, que me llenan de planes y de ideas. Noches en que podría salir a correr, limpiar toda la casa, o leer un libro entero. Son noches de días llenos de estímulos y colores, de una cabeza imparable. Son noches de insomnio, sin tantas emociones, ni alegrías, ni tristezas, pero insomne igual. Noches de luces y sonidos. De poca concentración y mucha energía. Noches de insomnio que me atrapan desde hace años, y no quieren soltarme.