29 may. 2013

Estrella fugaz

Hoy vi una estrella fugaz.

Era grande como un corazón cuando está enamorado, y del color verde de los árboles en verano. Tenía luz propia y la vi tan de cerca que me encandiló. Desde allá arriba, muy alto, me venía mirando. A mí me parece que era un poco miedosa, como yo, porque recién cuando tomó coraje me chistó, respiró profundo, y se lanzó.

Todo fue muy rápido, por algo se las llama fugaces… pero yo guardo en mi retina cada detalle de ese vuelo, segundo a segundo. La muy entusiasmada se lanzó desde lo alto y una vez suspendida, se olvidó del miedo, y voló. Planeó como un avioncito de papel, atravesó miles y miles de kilómetros a toda velocidad, y mientras volaba, su luz se hacía cada vez más fuerte, y ella más grande.

La estrella caía decidida, con clase y envión. Creo que en algún momento hasta rozó mi ropa, me pasó tan cerca que su viento me despeinó. Caía sobre mí, y se metía en mi casa por alguna ventana que olvidé cerrar. Yo la agarré con mis manos frágiles, temblorosas, con miedo a la quemazón. La agarré, la envolví, le hice una cuevita entre mis manos, y después me la guardé en el pecho, que es el cajón de los más hermosos recuerdos, y el rincón donde escondo y cuido lo más preciado.

17 may. 2013

Un par de alas blancas

Hay noches que son azules, de mares y del alma. Son noches que se nos hacen madrugadas y antes de serlo se cuentan en interminables letras. Saltan en el tiempo, como yo salto de tu boca a tu hombro. Se sonríen, se aprietan y a veces también se lloran. Son lágrimas porque sí, porque el pasado, porque él y porque París. Entonces el abrazo es infinito, quiebra las costillas y devuelve el aire a los pulmones.

En esas noches de puro brillo el tiempo se detiene en un reloj que nos olvidamos lejos. Aquí no hay horas, ni lunes, ni huecos; solo un inmenso vuelo. Y hay una luz que te ilumina. No sé de dónde viene, pero te dibuja, como mis dedos. Es una luz muy suave y azul que te contornea y me muestra en silencio algo que nace de tu espalda. Son dos alitas blancas, suaves, brillantes. Se abren despacito y me saludan. Sonreís porque sí, porque el mar, porque yo y porque azul. Se mueven con toda delicadeza; son elegantes y silenciosas. Seguís sonriendo. Que el beso, el vuelo y no sé qué más. Pero tus alas y todo el escándalo de luces. Se me alborota el pecho y se me inquieta la panza. Tomás carrera, desplegás las alas, y levantás vuelo.

Volás. Altísimo, y de colores. Volás. Lejos, y con música de fondo.

Volás.


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Creeme, yo las vi. Son blancas, son grandes y brillan. Te hacen sonreír enorme, y son las que te llevan a donde quieras: a París, al Himalaya, o al mar. Son ellas, de verdad. Las he visto, me han saludado y han crecido ante mis ojos. Si estirás tus brazos un poco, tal vez podés tocar, ahí, al costado de ese hueso en tu espalda, por ahí nacen, y ahí se esconden. ¿Lo sentís? Es ahí, justo en ese punto donde empieza el vuelo, tu sonrisa y todo esto.

14 may. 2013

Globo de noche

Se me escapa todo en un segundo. Se resbala entre mis manos y vuelve a irse lejos, donde yo no sé llegar. Voltea la mirada, sigue caminando. Y yo me desarmo y lloro como ya casi no lo hacía. Se va, se va… y ya no hay brazo que alcance su mano. Como un globo sube, yo le digo que vuelva, pero sigue subiendo, yo quiero alcanzarlo, pero se va. Se lleva consigo todas las nubes y un poco de humo. Esperá, todo ese humo no te sirve de nada; dale, quedate conmigo. Yo quiero que se limpie, regalarle una flor amarilla, un pedacito de arcoiris, pero no me escucha. Está muy concentrado en su destino de globo de noche y se va, se va cada vez más lejos. Volvé. Hay paisajes que de día se ven mucho mejor. Hay abrazos que de a dos, envuelven mucho más. Dale, volvé y volá conmigo. Sin tanto humo y con más colores. Estoy segura que hay algunos que todavía no conocés. Y si querés, puedo invetarme uno nuevo para vos. Volvé aquí, a la luz.

13 may. 2013

Abriendo ojos

Hay tanto verde, libre, virgen, puro…
y nosotros tan empecinados en amontonarnos.

Hay tanto silencio purificador, sabio, envolvente…
y nosotros con tanto miedo de sentirlo.

Hay tanta agua fluyendo y limpiando ahí afuera…
y nosotros quejándonos con cada gota que nos cae.

Hay tanta luz al movernos sólo un poquito...
y nosotros tratando de encerrarnos en cada paso.